The anatomy of the diet mentality


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In order to achieve a state in which we enjoy food and our bodies, we must transform the way we think, not our behavior. And we can't do this unless we gain awareness about our beliefs.

I've learned that the way we experience food and our body is determined by a pool of beliefs that make up the diet mentality. We learned it from our parents, media, society. It's part of our culture! The diet mentality doesn't only involve formally going on a diet. It's a "state of mind."

We're victims of this mindset when we want to shut down our hunger and deprive, or feel bad because we overate and then skip the next meal or run 20 miles. It's there when you spend hours talking about diets and cleanses with your friends. The motivation is always controlling your body weight or correcting "bad behaviors".

I intend to "dissect" the diet mentality to help you understand (the way it's helped me) how the different parts of this social creation limit our capacity to enjoy food, our body and life.

1. Good vs. bad

The dichotomy good vs. bad is the foundation of the diet mentality. The diet or restriction state of mind is based on the idea that there's a right way to eat and a wrong way to eat. There's a right type of body, and a wrong type of body. We diet because we want to "correct" or "fix" something that we consider defective: our body shape/size, and our eating habits.

The consequence: We fear foods and specific behaviors, which leads to being in a permanent state of stress about what you eat and how you look.

2. The rules

Penalization results in the creation of rules that we must abide by. When we wear the "diet hat", we penalize specific foods, amounts, food combinations, even times of the day! We penalize everything surrounding the act of eating and create rules, threats, commands and prohibition that filter our experience.

The consequence: You live in a prison. You're depriving yourself from your freedom to choose, and that's why you eventually rebel and eat everything in front of you.

3. We judge

What do we do when we diet or restrict? We deny ourselves the freedom to choose. As Gillian Riley explains in her book Ditching Diets, our brains are rebels by nature and "rebellion is only possible when there's a rule or restriction in place." Inevitably, when we fail to follow the rules (aka "I fell off the wagon"), we judge ourselves. We never question the diet's effectiveness. It's always our fault: "I didn't work hard enough", "I don't have enough willpower", "I'm not disciplined", "I'm too lazy", "I'm slacking off."

The consequence: When you permanently attach yourself for not following the rules, you lower your self-esteem.

4. Guilt and shame

Feeling guilt and shame is a consequence of the self-judgment that occurs in a diet or when you're a victim of the diet mindset. We feel frustrated because we cannot follow the rules. "What the hell is wrong with me?! Why can't I get a grip on my eating?!", we ask ourselves. Just as inflicting fear and shame to get a child to obey isn't a good educational technique, keeping ourselves in line through shame and guilt only lowers our self-esteem.

The consequence: In addition to lowering your self-esteem, these feelings erode your capacity to trust yourself, your hunger and fullness cues, and prevents you from learning the difference between emotional and physical hunger.

5. Fat = unhealthy

We grow up believing that being fat is bad, defective, undesirable. Even saying the word "fat" is seen as something wrong or offensive. The diet mentality tells us that anyone who's fat is necessarily unhealthy; that anyone who's fat is lazy, undisciplined and lacks willpower.

The consequence: Our fear of gaining weight impacts our health. Solely focusing on weight loss or control, distracts us from the things and practices that promote health.

Ask yourself, in which ways are you a victim of the diet mentality? What's the motivation behind what you eat (or don't eat)? What's the motivation behind your workouts? Is it burning calories and inches off your waist? How often do you think about weight loss?

The best way to achieve food sanity is by gaining awareness and challenging the beliefs and rooted ideas that determine how we feel and think about what we eat.

I'll say it again: The solution is not in the willpower, nor your capacity to be disciplined. It's in the way you think.

I figured it out and I want to help you do the same. Download my free guide with more steps on how to feel sane around food again here.

The information provided in or through this Website is for educational and informational purposes only and solely as a self-help tool for your own use.

La anatomía de la mentalidad de dieta.


Si queremos alcanzar un estado en el que disfrutamos de la comida y nuestros cuerpos, debemos transformar la forma en que pensamos, no nuestro comportamiento. No podremos hacer esto a menos que seamos conscientes de lo que creemos y valoramos.

Aprendí que la forma en que experimentamos la comida y nuestro cuerpo está determinada por un bloque de creencias muy característico de nuestra sociedad: la mentalidad de dieta. Es parte de nuestra cultura.

No me refiero a hacer dieta, exclusivamente. La mentalidad de dieta es un modo de ver el mundo y de entender lo que debemos comer o no comer, cómo debemos vernos, a qué cuerpo debemos aspirar, etcétera. Es un marco mental.

Somos víctimas de esta mentalidad cuando ignoramos nuestra hambre y restringimos calorías, o cuando nos sentimos culpables por comer en exceso y nos saltamos la siguiente comida o corremos 20 kilómetros. La mentalidad de dieta también se refleja cuando hacemos conclusiones sobre la salud o personalidad de una persona con base en su peso.

En este post quiero desarmar en sus principales piezas a la mentalidad de la dieta para ayudarte entenderla y a ver más claramente cómo ella limita tu capacidad de disfrutar tu cuerpo, la comida y la vida.

1. Bueno vs. malo.

Esta dicotomía es la base de la mentalidad de la dieta. La dieta o el estado mental de control de la comida se basa en la idea de que hay una forma correcta de comer y una forma incorrecta de comer. Hay alimentos buenos y malos. También promueve que hay cuerpos deseables e indeseables. Hacemos dieta porque queremos "corregir" o "arreglar" algo que consideramos defectuoso: la forma / tamaño de nuestro cuerpo y nuestros hábitos alimenticios.

La consecuencia: Le tememos a la comida, lo que genera estrés sobre lo que comemos o cómo nos vemos. Como la comida es necesaria para vivir, el estrés se convierte en lo cotidiano.

2. Reglas.

Cuando penalizamos lo que comemos, las cantidades, e incluso la ropa que nos ponemos (¿rayas horizontales? ¿Te es familiar?), estamos viendo la vida a través del lente de la mentalidad de dieta. Penalizamos todo lo que rodea el acto de comer y vivir nuestro cuerpo, y creamos reglas, amenazas, órdenes y prohibiciones que filtran nuestra experiencia. Como es de esperarse, esto no hace más fácil nuestra existencia sino que la complica.

La consecuencia: Vives en una prisión. Tú misma eliminas tu capacidad de elegir. Por eso eventualmente te rebelas y te comes todo lo que se te pase por delante.

3. Juzgamos.

¿Qué hacemos cuando hacemos dieta o restringimos? Nos negamos a nosotras mismas la libertad de elegir. Como explica Gillian Riley en su libro Ditching Diets, nuestros cerebros son rebeldes por naturaleza y "la rebelión solo es posible cuando hay una regla o restricción". Inevitablemente, cuando no seguimos las reglas, nos juzgamos a nosotras mismas. Nunca cuestionamos la efectividad de la dieta. Siempre es culpa nuestra: "No tengo suficiente fuerza de voluntad", "No soy disciplinada", "Soy demasiado perezosa”.

La consecuencia: Cuando permanentemente te juzgas y atacas, impactas negativamente tu auto-estima.

4. Culpa y vergüenza.

Sentirse culpable y avergonzada es una consecuencia del juicio que se produce en una dieta. Nos sentimos frustradas porque no podemos seguir las reglas. "¡¿Qué diablos pasa conmigo?! ¡¿Por qué no puedo controlar mi apetito?!". Del mismo modo que infligir miedo y vergüenza para que un niño obedezca no es una buena técnica educativa, mantenernos “en línea” a través de la vergüenza y la culpa solo afecta nuestra autoestima.

La consecuencia: Además de impactar tu auto-estima, estos sentimientos erosionan tu capacidad de confiar en las señales que te envía tu cuerpo. Pierdes la sintonía con las señales de saciedad y hambre, así como la capacidad de reconocer la diferencia entre hambre física y hambre emocional.

5. La gordura y la salud.

Crecemos pensando que la gordura es mala, defectuosa, indeseable. El objetivo detrás de lo que comemos y el ejercicio que hacemos es siempre controlar el peso y evitar ser gorda. Incluso decir la palabra "gorda" es visto como algo malo u ofensivo. La mentalidad de la dieta nos dice que cualquiera que sea gordo no es saludable; y que probablemente es perezoso, indisciplinado y carece de fuerza de voluntad.

La consecuencia: Tu miedo de ganar peso puede impactar tu salud. Enfocarse en el peso exclusivamente, te distrae de aprender las cosas que verdaderamente contribuyen a tu salud.

¿De qué manera eres víctima de la mentalidad de dieta? ¿Cuál es la motivación detrás de lo que comes (o no comes)? ¿Cuál es la motivación detrás del ejercicio que haces? ¿Estás solo quemando calorías y centímetros de su cintura? ¿Qué tan frecuentemente hablas o piensas sobre peso y dietas?

La mejor manera de lograr la libertad alimentaria es mediante la toma de conciencia y el desafío de las creencias y las ideas enraizadas que determinan cómo nos sentimos y pensamos acerca de lo que comemos.

Lo diré de nuevo: la solución no está en la fuerza de voluntad, ni en tu capacidad para ser disciplinado. Está en la forma en que piensas.

Lo descubrí y quiero ayudarte a hacer lo mismo. Descarga mi guía gratuita en español con más pasos sobre cómo sentirse cuerda con la comida aquí.

La información proporcionada en este post y a través de este sitio web es solo para fines educativos e informativos, y solo es una herramienta de autoayuda para tu propio uso.

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