My Favorite New Obsession

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My favorite new obsession is asking myself WHY do I do the things I do.


I ask my clients to do the same.

Why do you decline cake at a birthday party?

Why do you exercise?

Why do you avoid carbs?

Why not get rid of old clothes that no longer fit you?

Why do you weigh yourself every day?

This is a simple yet effective way to bring awareness to our behaviors, understand how culture shapes who we are, and find freedom from patterns that don't serve us.

Our thoughts and behaviors about food and our bodies don't happen in a vacuum.

When we inquire where they come from, we somehow always end up with diet culture. Diet culture is a set of beliefs that worship thinness and particular body shapes. From diet culture we learn that thinness is health. Thanks to diet culture we’ve normalized the pursuit of weight-loss at all costs, demonize certain foods, and consider ourselves “good” when we’re able to avoid sweets.

Diet culture explains our beliefs about beauty, health, food, weight, willpower, and the body. It’s the reason why most of us learn that there’s something wrong with our bodies at a young age and why 80 percent of 10-year-old girls have been on a diet.

All of those behaviors you struggle with are rooted in diet culture—the food obsession, body image issues, binge eating, emotional eating, second-guessing your food choices or over exercising.

Think about it.


If thinness wasn’t worshiped in our society, would we worry about weight-gain?


If we didn’t think that eating “clean” was a sign of self-control or even success, would we care how we eat in front of other people?


If we didn’t think being fat is a bad thing, would we diligently track what we eat or praise weight-loss?


If we didn’t attach our self-worth to a number on the scale, would we suffer when the number is not what we expect?


Asking WHY helps us uncover how diet culture shapes our behaviors, our sense of self.


It also gives us the opportunity to take charge and autonomously decide how we want to respond. It gives us the chance to rebel! To be the authors of our own reality.


When we practice getting to the root of why we do the things we do, we start transitioning from socialized to self-authoring minds, as psychologist Robert Kegan describes it in his Theory of Adult Development.


This means that we become more self-aware and in charge of our behaviors; we are able to determine when diet culture is interfering with our lives, ruling over our thoughts, and creating limiting narratives of what we should eat or look like.


Asking why leads to awareness and allows you call the shots.


Try it.


Why do you say no to chocolate? Is it because you really don't want it? Or because of the calories?


Why do you eat a bowl of vegetables for lunch? Is it because you have a desire for them? Or because you're supposed to have a low-cal meal?


Why are you going for a run today? Do you want to? Is it the feeling of relaxation that you're looking for? Or is it because yesterday you had ice cream?


As often as you can, ask why.


If you find that the motivation is "to lose weight", "to burn calories", "to maintain my weight", etc. you know it's diet culture calling the shots.


Not you.

Mi nueva obsesión


Mi nueva obsesión es preguntarme POR QUÉ hago lo que hago.

Le pido a mis clientas que hagan lo mismo.

¿Por qué decides no comer torta en el cumpleaños de tu amiga?

¿Por qué haces ejercicio?

¿Por qué te abstienes de comer carbohidratos luego de las 6 de la tarde?

¿Por qué guardas ropa que ya no te queda buena?

¿Por qué te pesas todos los días?


Esta práctica es simple pero efectiva para ganar consciencia sobre nuestros comportamientos, entender cómo la cultura moldea quiénes somos, y liberarnos de patrones que no nos benefician.

Nuestros pensamientos y comportamientos alrededor de la comida y nuestros cuerpos no se dan en el vacio.

Cuando exploramos de dónde vienen, siempre terminamos en la cultura de las dietas.

La cultura de las dietas venera la delgadez y ciertos tipos de cuerpos (flaca, ¡sí! Gorda, ¡no!); ella promueve que delgadez es salud.

Por la cultura de las dietas normalizamos la búsqueda de pérdida de peso a toda costa (no importa si el modo de lograrlo es cero saludable), demonizamos algunos alimentos, y felicitamos a quienes pierden kilos.

En la cultura de las dietas encontramos muchas de las respuestas a por qué creemos lo que creemos sobre belleza, alimentación, peso, fuerza de voluntad, ejercicio y cuerpo.

Es la razón por la que muchas de nosotras aprendimos que algo estaba mal con nuestros cuerpos cuando éramos niñas y explica que el 80 por ciento de las niñas de 10 años en Estados Unidos ya hayan hecho una dieta.

Todos esos comportamientos de los que te quejas y te hacen sufrir, resultan de la cultura de las dietas: la obsesión por la comida, problemas de imagen corporal, los atracones, hacer ejercicio en exceso, o comer emocionalmente.

Piénsalo.

Si nuestra sociedad no venerara la delgadez, ¿nos preocuparíamos por el peso?

Si el modo cómo comemos no dijera nada sobre nuestro carácter, ¿nos preocuparíamos por cómo comemos delante de los demás?

Si no pensáramos que la gordura es algo malo, ¿tendríamos un registro cuidadoso de las calorías que consumimos?


Si no igualáramos nuestro valor a nuestro peso, ¿sufriríamos cuando el número en la balanza no es lo que esperamos?


Acostumbrarnos a preguntar por qué nos permite ver cómo la cultura de las dietas define nuestros comportamientos, nuestro sentido de ser.

También nos da la oportunidad de tomar las riendas y autónomamente decidir cómo queremos responder. Nos da chance de rebelarnos; de ser autores de nuestra propia realidad.


Cuando practicamos llegar al por qué hacemos las cosas que hacemos, empezamos la transición de una mente socializada a una mente autora, como lo describe el psicólogo Robert Kegan en su Teoría sobre el Desarrollo Adulto.


Esto significa que nos volvemos más conscientes y responsables de nuestros comportamientos; somos capaces de determinar cuándo la cultura de las dietas está interfiriendo con nuestras vidas, gobernando sobre nuestros pensamientos y creando narrativas limitantes de lo que deberíamos comer o cómo deberían verse nuestros cuerpos.


Preguntar por qué incrementa tu nivel de consciencia y presencia; te permite estar al mando.


Inténtalo.


¿Por qué evades el chocolate? ¿Es porque realmente no te provoca? ¿O por las calorías?


¿Por qué comes un plato de verduras en el almuerzo? ¿Es porque crees que es bueno para tu salud o te dan ganas? ¿O porque se supone que debes tener una comida baja en calorías?


¿Por qué sales a trotar hoy? ¿Quieres sentirte fuerte y relajado? ¿O es porque ayer comiste helado?

Pregúntate por qué, tanto como puedas.


Si encuentra que la motivación es "bajar de peso", "quemar calorías", "mantener mi peso", entonces la cultura de las dietas está al mando. No tú.

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