On Hunger and Fitbits

Updated: May 4

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What has been your relationship with hunger during the quarantine?


I’ve been talking about this with my clients and other women.


Our conversations are very telling of how disconnected we are from our bodies.


Many women delegate the decision to start and stop eating to their Fitbits and apps, which tell them how many calories they can consume.


Others ask themselves (with frustration), “Why am I hungry if I’ve been sitting all day?”


These are decisions and questions from the mind, never the body.


Women’s relationship with hunger is interesting and complex. It says a lot about how we relate to pleasure, our minds, and ourselves.


We don’t trust our hunger. We interpret it as a signal of betrayal from our bodies.


We don’t trust ourselves around food, so we eat from the mind, relying on data we can count; whatever we can measure. It gives us a sense of control.


I don’t blame us! We’ve learned that it’s better NOT to be hungry: ‘If you don’t feel hungry, you eat less calories; and less calories means losing weight.’


It seems that the fear of weight-gain leads to fear of hunger, so the solution is to try and control our cues for food.


The thing is that a calculated way of eating lacks pleasure. A pleasure-deprived eater is a stressed, unsatisfied eater; and an unsatisfied eater is more likely to lose control around food.


This explains why, when I work with women and ask them about their hunger, there’s always this sense that they must figure out how to tame it. Some drink a lot of water, others buy “low-calorie” snacks or distract themselves.


There’s also the assumption that hunger should follow a schedule. We expect hunger to feel the same everyday, regardless of how much we slept the night before, whether we got our periods, or if we’re sick.


We live under the delusion that we can and should control our hunger.

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Technically, we should start eating when we feel hungry, and stop when we are satisfied.


However, this capacity to eat in alignment with our hunger and satisfaction cues is influenced by many factors.


In family reunions, for example, we may eat beyond fullness because there’s plenty of food and we’re enjoying ourselves.


How you’re raised also influences your hunger cues. Today you might want a snack at four in the afternoon because that was your after-school routine as a kid. Or perhaps, having ice cream was conditioned to cleaning up your plate, so today you do the same even though you might be satisfied.


These are not the only factors that influence our hunger:


Diets, juice cleanses, detox, 21-day challenges or anything you do to intentionally lose weight hinder your capacity to listen to your hunger cues (this includes the apps and devices you use to help you do it).


Behind these factors there's the desire to control what you eat, but also a deep and powerful assumptions:

I don’t know how to eat.

I don’t know how to control my body.

I don’t trust my body’s signals.

“It’s so scary to lose control! I don’t trust myself around food. I need my app to have a sense of structure”, clients have told me.

The thing is when you go on a diet or sets rules and boundaries, you’re delegating the decision to decide what and how much to eat; and so, your“I-know-how-to-listen-to-my-body” muscle weakens.


You forget to trust your body. It’s like wearing insoles forever instead of going to physical therapy and strengthening your arches!

Re-learning (because you were born knowing how to do it) to listen to your hunger cues is necessary to stop obsessing about what you eat.

When you do it…

Eating is more pleasurable.


You know when to stop eating.


You can distinguish a physical need for food from an urge to eat because of anxiety or boredom.


Basically, you take charge of what you eat and stop delegating a decision that should have always been yours to begin with.

This new awareness of your hunger is not a tool to decide whether you can or cannot eat, but WHY you want to eat.


Ultimately, the decision is yours. Sometimes we eat when we’re not hungry, for pleasure or convenience, which is part of normal eating and that’s OK.

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I want to see the silver lining to the pandemic. This is an opportunity for growth and questioning paradigms.

It’s a unique moment to reflect on your relationship with hunger, your body, food, and weight. It’s a moment to decide who’s in charge. You or the app? You or diet culture?

It’s a process. Start thinking and experimenting:

  • What’s your relationship with hunger? Do you know what hunger feels like? Do you judge your hunger?

  • How would it feel not recording calories or checking your app, and instead listening to your body to decide when to eat and when to stop?

  • What foods do you enjoy eating? What foods do you not enjoy?

  • Do you know what it feels like to be satisfied?

Start there. Pay attention. Avoid distraction from rules or gadgets.


When you listen, you gradually achieve the normal and calm relationship you want to have with what you eat.


These are a few related posts that complement this one: on attention, on willpower, on permission to eat, and on technology and eating.


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Sobre el hambre y los Fitbits

¿Cuál ha sido tu relación con el hambre en tiempos de cuarentena?

En estos días he hablado con mis clientas y otras mujeres sobre esto.

Nuestras conversaciones me hacen dar cuenta de lo desconectadas que estamos de nuestros cuerpos.

Muchas mujeres delegan la decisión de empezar y parar de comer a sus Fitbits o apps, que les dicen cuántas calorías pueden comer o cuántos pasos les faltan para alcanzar la meta.

Otras se preguntan (con frustración), "Por qué tengo hambre si he estado sentada todo el día?"


Decisiones y preguntas desde la mente; no desde el cuerpo.

La relación de las mujeres con el hambre es interesante. Dice mucho de la relación que tenemos con el placer, nuestras mentes, y nosotras mismas.

Desconfiamos del hambre. La vemos como una señal de que nuestros cuerpos nos traicionan.


Las mujeres no confiamos en nosotras mismas alrededor de la comida, así que comemos desde la mente; tomamos decisiones con base en datos y cualquier cosa que podamos medir. Nos sentimos en control.

¡Y no nos culpo! Al fin y al cabo, hemos aprendido desde niñas que es mejor NO tener hambre. 'Si no tienes hambre, comes menos calorías; y menos calorías quiere decir pérdida de peso' (al menos eso es lo que nos venden).


Parece que el miedo a ganar peso nos lleva a resentir el hambre, y por eso tratamos de controlarla.


Por lo general, un modo de comer rígido y controlado carece de placer, gusto, disfrute. Cuando comemos sin gusto, no quedamos satisfechas. Y es precisamente por no estar satisfechas que perdemos el control arlededor de la comida.

Esto explica por qué, cuando trabajo con mujeres y les pregunto sobre el hambre, siempre veo en ellas un deseo de descifrar cómo domar esta señal del cuerpo. Unas toman mucha agua. Otras comen snacks bajos en calorías o tratan de distraerse.

También aprendimos que el hambre debe ser igual siempre, sin importar si hemos dormido poco, si tenemos el período o si estamos enfermas.


Vivimos bajos la ilusión que podemos y debemos controlar el hambre.

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Técnicamente, deberíamos empezar a comer cuando tenemos hambre y parar cuando estamos satisfechas.

Está capacidad de comer en sintonía con nuestro cuerpo es influenciada por muchos factores. En reuniones familiares, por ejemplo, tendemos a comer más, aun cuando alcanzamos la llenura.

El modo como crecimos también influye. Tengo clientas que de niñas comían un snack a las cuatro de la tarde y aún tienen ese hábito, aún cuando no tienen hambre. Otras sienten que deben comerse todo lo que hay en el plato porque de niñas esa era la condición para comer helado.

Hay otros disruptores del hambre menos evidentes pero muy poderosos:


Las dietas, los detox, las malteadas, los retos de 21 días o cualquier cosa que hagas para perder peso intencionalmente (¡y claro, los apps y aparaticos!)

Detrás de la dieta o del control de la comida para perder peso hay una suposición profunda:

No sé cómo comer. No sé cómo controlar mi cuerpo. No confío en las señales de mi cuerpo.

He tenido clientas que me han dicho, "¡Qué miedo perder el control! No confío en mi fuerza de voluntad con la comida. El app me da estructura".


El problema es que cuando haces dieta o sigues un plan que sienta límites a los que comes, estás delegando la decisión de qué y cuánto comer. Entonces, el músculo del conocimiento que tienes de tu cuerpo se debilita.


Se te olvida cómo confiar en tu cuerpo.

Re-aprender (porque naciste sabiéndolo) a escuchar las señales de hambre de tu cuerpo es necesario para dejar de pelear con la comida.

Cuando lo haces…

Comer es más placentero.

Te queda más fácil saber cuándo parar.

Puedes distinguir el deseo de comer por hambre física del deseo de comer por hambre emocional.

Básicamente, tomas las riendas de lo que comes y dejas de delegar una decisión que siempre debió ser solo tuya.

Esta nueva conciencia de tu hambre no es una herramienta para decidir si puedes o no comer, sino POR QUÉ quieres comer.

En últimas, la decisión es tuya. A veces comemos cuando no tenemos hambre, por placer o conveniencia, que también es parte de una relación normal con la comida. Y está bien.

**

Quiero verle el lado bueno a esta pandemia. Creo que es una oportunidad para crecer y cuestionar paradigmas.

Es un momento único para reflexionar y cuestionar lo que hemos aprendido sobre la comida, el peso, el hambre y nuestro cuerpo.


Es un momento para decidir quién está a cargo. ¿Tu o el app? ¿Tu o la cultura de las dietas?

Es un proceso. Empieza experimentando y haciéndote preguntas.

  • ¿Cómo sabes que tienes hambre? ¿Juzgas tu hambre?

  • ¿Cómo se sentiría si por un día no registraras calorías o miraras el aparatico y en cambio oyeras lo que te dice tu cuerpo para decidir cuándo comer o moverte?

  • ¿Sabes qué se siente disfrutar la comida? ¿Qué comidas te gustan? ¿Cuáles no te gustan?

  • ¿Sabes qué se siente estar satisfecha?

Empieza por ahí. Presta atención. No te distraigas con reglas o aparaticos.


Esa relación normal y tranquila que quieres tener con lo que comes se logra cuando escuchas.


Estos son otros posts que complementan este: sobre fuerza de voluntad; sobre tecnología y comer, sobre el permiso a comer, y sobre atención.


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