The Two Differences Between a Normal and an Obsessive Eater

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Why is it that some people are able to stop eating without any effort? Why can they eat two squares of a chocolate bar and forget about it?


There are two traits that distinguish a person who is obsessed with food, counts calories, and overeats from one who eats “normally” and does not seem to care about the jar of Nutella in the kitchen.


These two traits are also the answer to why women might be looking for solutions to their food obsession in the wrong places.


The first one is permission.


Those whom we consider "normal eaters" do not set limits. They have no rules about what they can and cannot eat.


When they decide to eat chocolate cake, they don't even consider that they are granting themselves permission. They just eat! Permission and food are not words they use in the same sentence.


Normal eaters do not keep track of the calories they consume or their servings. They don't invest energy in controlling; french fries are not off-limits.


Instead, they seem to be guided by their preferences, and inner signs of fullness and satisfaction.


Normal eaters also eat for pure pleasure, which is part of life. Nobody needs chocolate cake to survive! Yet, we eat it at a birthday party to celebrate with friends because it's simply delicious.


Science has shown it over and over again. Those who restrict and set rules around food are more likely to obsess and lose control around food.


It’s hard to stop eating if we believe we’ll never eat a particular food again or that we cannot exceed a certain amount.


That’s why the moment we start a diet, detox, cleanse or 21-day challenge we start craving pasta and can't get the cookies in the pantry out of our heads.


Permission around food is critical to minimize obsessive thoughts about what we eat. It's unsustainable to count every calorie and measure every portion forever!


Having a normal relationship with food is not about eating perfectly; it's not about having willpower to avoid sugar or always stopping when full.


Normal eaters also eat beyond fullness; they eat more than one cookie and when they also eat popcorn mindlessly while watching a movie.


But, and this is the second difference, they don’t judge themselves.


They do not consider their behaviors to be sacrilege, a sin. They do not believe that their eating choices make them less valuable or are a sign of a character flaw.


Normal eaters notice when they’ve eaten too much, but they keep going. They don't stay stuck in a loop of shame and guilt.


There is no guilt because there is no judgment. There is no frustration or anxiety because there is no self-criticism.


For normal eaters, food is just food. It is not a way to demonstrate their value as a person. For them, life is more than what they eat or manage not to eat.


Obsessive eaters feel in control around food when what they eat matches their idea of what a day of eating SHOULD look like.


When they say, "I feel out of control around food", they are describing those moments in which their eating choices don't match their expectations; the shoulds, musts and have tos.


The issue seems to be the mismatch between the expectationswhich are high and driven by diet cultureand what we do.


Normal eaters don't judge themselves if they eat three slices of pizza because there's no expectations; there's no should imposed by diet culture.

The frustration comes from the judgment we have of ourselves for falling short of the expectations; not from the mismatch itself.


As you see, the difference between a normal and an obsessive eater is not willpower or a superhuman capacity to not desire bread and pasta.


It's eating freely in the absence of judgement.


Your challenge, then, is not figuring out more tactics to control food and tame your instincts.


Instead, it might be giving yourself permission to eat what you have been denying yourself for years and, when you overeat as normal eaters do, embrace yourself with compassion and moving on.


Las dos diferencias entre una persona que está obsesionada con la comida y una normal


¿Por qué unas personas pueden parar de comer sin esfuerzo? ¿Por qué pueden comerse dos cuadritos de chocolate y olvidarse del resto de la barra?


Hay dos rasgos que distinguen a una persona que se obsesiona con la comida, cuenta calorías y tiene atracones, de una que come normalmente y parece no importarle el frasco de Nutella en la cocina.


Estos rasgos son la respuesta a porqué las mujeres pueden estar buscando soluciones a su obsesión por la comida en el lugar equivocado.


El primer rasgo es el permiso.


Aquellos que consideramos personas normales alrededor de la comida no se imponen límites. No tienen reglas sobre lo que pueden o no comer.


Ni siquiera consideran que se están dando permiso. ¡Simplemente comen!


Estas personas no llevan un registro de su calorías o porciones. No se prohíben las galletas o las papas fritas.


En cambio, parece que se dejan guiar por sus preferencias, y sus señales internas de llenura y satisfacción.


Estas personas también comen por gusto o puro placer. Es decir, nadie necesita torta de chocolate para sobrevivir y nutrirse, sin embargo, la comemos porque es simplemente deliciosa.


La ciencia lo ha mostrado una y otra vez. Quienes se imponen reglas, restringen y controlan lo que comen, tienen mayor tendencia a atracarse y obsesionarse.


Es muy difícil parar de comer cuando crees que nunca más podrás comer una comida específica o que no te puedes pasar de cierta cantidad.


Esto explica por qué, en el momento que empiezas una dieta, un detox o reto de 21 días, no dejas de pensar en las galletas que están en la cocina.


El permiso alrededor de la comida es crítico para minimizar los pensamientos obsesivos sobre lo que comemos. ¡Es insostenible contar cada caloría para siempre!


Tener una relación normal con la comida no es comer perfecto. No es tener fuerza de voluntad para evadir el azúcar o siempre parar cuando estamos llenos.


Los “comedores normales” también comen en exceso; se comen más de una galleta y cuando están en cine también comen palomitas de maíz sin prestar atención.


Pero, y esta es la segunda diferencia, no se juzgan.


No consideran que sus comportamientos son un sacrilegio, un pecado. No creen que sus decisiones las hacen menos valiosas o son señal de un defecto de carácter.


Estas personas reconocen que comieron de más, pero siguen adelante. No se quedan atascadas.


No hay culpa porque no hay juicio. No hay frustración o ansiedad porque no hay auto-crítica.


Para estos comedores normales la comida es solo comida. No es un modo de demostrar su valor como personas. La vida es más que lo que comen o logran no comer.


Los "comedores obsesivos" se sienten en control cuando hacen las cosas que creen que DEBEN hacer.


Cuando dicen, "Me siento fuera de control alrededor de la comida", están describiendo esos momentos en los que sus elecciones no coinciden con sus expectativas; con el tengo que o el debería.


El problema parece ser el juicio sobre la discrepancia entre las expectativas⁠—que son altas y alimentadas por la cultura de las dietas⁠—y lo que hacemos.


Un comedor normal no se juzga si se come más de una tajada de pizza porque no hay expectativas; no hay un deber ser impuesto por la cultura de las dietas.


La frustración proviene del juicio que tenemos de nosotros mismos por no alcanzar las expectativas; no de la discrepancia como tal.


Como ves, la diferencia entre una persona con una relación normal con la comida y otra que se obsesiona no es la fuerza de voluntad o una capacidad sobrehumana para no desear panes y pasta.


La diferencia está en que comen intuitivamente y nunca hay juicio.


Entonces, tu reto no es encontrar más tácticas para controlar la comida y domar tus instintos.


En cambio, está en darte permiso de comer lo que te has negado por años y, cuando comas en exceso como lo hacen los comedores normales, no juzgarte sino seguir adelante.

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