This is What the Coronavirus is Teaching Me About Attention

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Today, most of us are staying home and social distancing to fight the spread of the Coronavirus.


I’ve been working from home for the past three years, so my daily life hasn’t changed much.


The only difference is that my partner is now working remotely in an improvised office in the dining room.


Each person is experiencing the Coronavirus pandemic in different ways. For me, the energy feels like when it is a holiday. It is very quiet and still. It feels like there’s less pressure to do; less pressure to be “on” all the time.


I interpret this moment in history as an opportunity to notice how fractured my attention tends to be.


This quarantine is allowing me to intentionally decide where I want to direct my attention, which I find liberating and revealing.


While social distancing and staying home has minimized the sources of distraction, the surge of free online content (including mine!) can divert our focus and undermine this unique opportunity.


This has been a recurring theme in the bi-weekly Women’s Reflection Group I hold (now virtually), and my weekly client-exclusive group sessions:


How can I deal with feeling overwhelmed by the news and all the free content these days?


For me, it all comes down to protecting our attention.


Research shows that half of the time we’re not paying attention to what we’re doing at any given moment.


Our minds’ natural tendency to wander is exacerbated by smart phone technology, easy access to information (lots of it!), social media, and the “appization” of our daily lives.


Nowadays, there’s very little we don’t use a screen for! As a result, we’re all suffering from an attention deficit.


While it has many benefits, technology is permanently hijacking our attention, negatively impacting our well-being. “A wandering mind is an unhappy mind”, a group of social psychologists at Harvard concluded almost a decade ago.


Our attention is one our biggest assets, but it is not unlimited. In today’s economy, everyone is competing for our attention. That’s the case now as much as it was before Coronavirus.


No wonder why it’s so hard to be present and mindful!


For the sake of our mental, emotional, and physical well-being, we must be very intentional about how we allocate our attention.


Here are three questions that are helping me protect my attention these days:


1. What and who deserves my attention?


For me it is my family and friends, my business, my meditation practice, physical activity, and cooking. I give say 5% my attention to the news to stay updated, but only at end of the day once I’ve focused on what matters most to me during the day.


Choosing what/who to pay attention to allows me to decide what I don’t want to spend my attention on: social media or excessive news consumption, for example.


Since we do not have an unlimited stash of attention per day, a simple way to decide what deserves your attention is determining what are your priorities and whether dedicating your attention to something will make you happy or improve your life.


2. Do I (really) need this?


I try to ask myself this question every time I feel the urge to grab my phone, check WhatsApp, go on Instagram, or sign up for free courses.


The more I ask myself this question, the more aware I’ve become of how I use these distractions to avoid stillness, an uncomfortable feeling, or procrastinate.

But it is also about noticing the difference between a real need or a created necessity.


My clients have nailed this distinction, “Will signing up for this free meditation help me feel better? Or do I just want to take advantage of free stuff (i.e. am I being opportunistic)?”.


“Do I really need to learn about data science? Or is it about the pressure to be productive all the time and not feel lazy during this time?”.


Always remember technology and marketing are most effective when they are able to hijack our “psychological vulnerabilities”; to make us feel like we need something.


3. Will I still want this in five minutes?


I have a rule to buy clothes: “Don’t buy it out of impulse. If you’re still thinking about that shirt a month later, go for it”.


Guess what, most of the time I forget I even wanted to buy something in the first place!


These days, I’m trying to apply this logic to what I consume online.


If I see a catchy story title on Medium and five hours later I’m still thinking about it, then I make the time to read it. (Guess what?! I’ve read only three stories from the dozens of posts that catch my eye every day).


The risk here is that if you consume, sign up, buy, or read out of impulse, the likelihood of getting hooked for hours is higher.


***


I don’t always succeed at protecting my attention! I actually “fail” a lot, but I know I have these toolsmy own compass—to catch myself when giving it away to something that doesn’t deserve it.


The Coronavirus pandemic is giving me (maybe you as well?) an opportunity to reflect on the value of our attention and how vulnerable it is. I want to take this time to protect it and take charge of it again.

Esto es lo que el Coronavirus me esta enseñando sobre prestar atención


Hoy, la mayoría de nosotros estamos en nuestra casa, practicando distanciamiento social para ganarle la batalla al Coronavirus.

Yo llevo tres años trabajando desde la casa, entonces mi vida no ha cambiado mucho.


La única diferencia es que mi pareja ahora también trabaja remotamente y hemos improvisado una pequeña oficina en el comedor.


Cada persona está experimentando esta pandemia de modos diferentes.


Para mi, la energía es como la de un feriado. Todo se siente muy silencioso y quieto. No siento la presión de hacer todo el tiempo.


Interpreto este momento de la historia como una oportunidad para darme cuenta de lo fracturada que puede estar mi atención.


Esta cuarentena me está permitiendo ser más intencional en cómo y a qué destino mi atención. Ha sido muy revelador y liberador al mismo tiempo.


Mientras el distanciamiento social y quedarse en casa ha minimizado las fuentes de distracción, he visto un incremento de contenido gratis en línea (¡incluído el mío!) que puede desviar nuestra atención y socavar la oportunidad que tenemos.


Esta ha sido una queja recurrente del Women’s Reflection Group que sostengo cada dos semanas (ahora virtualmente) y de las sesiones grupales con mis clientas:

¿Cómo lidiar con sentirme abrumada por la oleada de noticias y el contenido gratuito?

Para mi consiste en qué hacemos para proteger nuestra atención.


Varios estudios muestran que la mitad del tiempo no estamos poniendo atención a lo que estamos haciendo.


La tendencia natural de nuestras mentes a ruminar se ve exacerbada por nuestros teléfonos inteligentes, el fácil acceso a la información (¡mucha información!), las redes sociales y la digitalización de nuestra vida cotidiana.

¡Hoy en día, hay muy pocas cosas que no podamos hacer a través de una pantalla!


El resultado es que sufrimos de un déficit de atención y nuestra mente salta de una cosa a la otra sin cesar.


Si bien tiene muchos beneficios, la tecnología está permanentemente "secuestrando" nuestra atención, impactando negativamente nuestra salud mental, emocional y física.


"Una mente errante es una mente infeliz", concluyó hace casi una década un grupo de psicólogos sociales en Harvard.


Nuestra atención es un súper poder, pero no es ilimitada. En la economía actual, todos compiten por nuestra atención.


Esta competencia es tan destructiva ahora como antes del Coronavirus. Estas son tres preguntas que me están ayudando a "proteger mi atención":

1. ¿Qué o quiénes merecen mi atención?


Para mi, son mi familia y amigos, mi negocio, mi meditación, actividad física y cocinar. Le estoy dando menos y menos tiempo a ver noticias, y siempre al final del día. No me estaba haciendo bien leer noticias durante el día.


Saber qué o quiénes merecen mi atención me permite identificar a qué cosas no quiero dedicársela: redes sociales o consumo excesivo de noticias, por ejemplo.


Como no tenemos una reserva ilimitada de atención, una manera simple de decidir qué merece tu atención es determinar cuáles son tus prioridades o si dedicar tu atención cierta tarea o persona te hará más feliz en el largo plazo.



2. ¿En realidad necesito esto?


Intento hacerme esta pregunta cada vez que siento la necesidad de mirar mi celular, revisar WhatsApp, entrar a Instagram o suscribirme a cursos gratuitos. Cuanto más me hago esta pregunta, más consciente soy de cómo uso estas distracciones para evitar la quietud, un sentimiento incómodo o procrastinar.   También se trata de notar la diferencia entre una necesidad real o una necesidad creada. Mis clientes son conscientes de esta distinción: "¿Hago la meditación gratis para sentirme mejor? o ¿Siento la necesidad de aprovechar que no tiene costo?". "¿Realmente necesito aprender sobre ciencia de los datos? ¿O se trata de la presión de ser productivo todo el tiempo?" Hoy más que nunca es evidente que la tecnología y el mercadeo son más efectivos cuando son capaces de aprovecharse de nuestras "vulnerabilidades psicológicas"; de hacernos sentir que necesitamos algo o somos insuficientes.

3. ¿Aún lo querré en cinco minutos?


Tengo una regla para comprar ropa: "No la compres por impulso. Si todavía estás pensando en esa camisa un mes después, cómprala". ¡La mayoría de las veces se me olvida que quería comprar algo en primer lugar! En estos días, estoy tratando de aplicar esta lógica a lo que consumo en línea. Si al final del día todavía estoy pensando en un artículo que me llamó la atención en la mañana, entonces saco tiempo para leerlo. Igual que sucede con la ropa, he leído solo tres historias de las docenas de publicaciones que me llaman la atención todos los días. El riesgo aquí es que si consumes, te registras, compras o lees por impulso, la probabilidad de engancharte durante horas es mayor.


***

No siempre soy exitosa en mi intención de proteger mi atención. De hecho, fracaso frecuentemente, pero sé que estas preguntasmi compás—me ayudan a atraparme cuando dedico mi atención a algo que no lo merece.

El Coronavirus me está dando la oportunidad (¿de golpe a ti también?) de reflexionar sobre el valor de mi atención y lo vulnerable que es. Quiero tomar este tiempo para protegerla y estar a cargo de ella de nuevo.

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